Una declaración y unas reflexiones

Una declaración y unas reflexiones

Blog POR Doris Ensinger

El final oficial de ETA y la breve declaración del presidente del gobierno español inducen a las siguientes reflexiones:

Cualquier muerte violenta –sea por accidente de tráfico (1.200 muertos en España en 2017), accidente de avión, asesinato, catástrofes naturales como un tsunami, terremoto o avalanchas de nieve, atentado terrorista o la muerte en una guerra– dejan dolor, sufrimiento y traumas, a menudo insuperables, en los familiares de las víctimas. Más de cinco millones de soldados alemanes no volvieron del frente, de muchos ni siquiera se sabe dónde y cuándo y cómo murieron. Simplemente desaparecieron, como un hermano de mi madre que perdió su vida con 18 años en la sublevación de Varsovia. Desaparecieron de la vida, pero estuvieron presentes en el recuerdo de las familias en las que su muerte había dejado un vacío imposible de borrar. Todas las muertes por violencia producen impotencia e incomprensión en los parientes, que sienten, independientemente de la causa de la muerte violenta, el mismo grado de dolor por la persona arrancada repentinamente del seno de la familia y su sufrimiento es el mismo. Y en este sentido no hay víctimas de primera o segunda o tercera clase.

En España, cuando se habla de víctimas del terrorismo, se suele referirse, por imposición, exclusivamente a las víctimas de ETA, a pesar de que existen varios miles de víctimas que parecen olvidadas y borradas de la mayoría de la población: los muertos y heridos de los atentados de Atocha, por ejemplo, o los muertos y heridos y traumatizados del atentado islamista de agosto pasado. Y por supuesto hay otras víctimas que, aunque las instituciones y la mitad de la población no quiere recordarles, existen, o sea las víctimas de la guerra civil, iniciada por los militares fascistas con su conjura y golpe contra la República.

Rajoy aseguró que “ETA puede anunciar su desaparición, pero ni desaparecen sus crímenes ni la acción de la justicia para perseguirlos y castigarlos”. Esta frase hay que contrastarla con lo que está pasando con estas otras víctimas españolas, aquellos 140.000 desaparecidos cuyas familias esperan todavía, después de ochenta años, una señal, una huella de sus restos mortales. Franco y sus esbirros desaparecieron, aunque no del todo, como muchos saben, y sus crímenes no desaparecen y nunca desaparecerán, ni con la falsificación de la historia y a pesar de la amnistía otorgada en su momento decretando así la impunidad de tales crímenes.

No desaparecerán y no se olvidarán porque siempre habrá personas con memoria y porque los hijos y los nietos de estos desaparecidos, secuestrados y matados vilmente, seguirán buscando sus huellas. Rajoy manifestó también: “ETA no va a encontrar ningún resquicio para la impunidad de sus crímenes”. A mucha gente le hubiera gustado escuchar, en los últimos cuarenta años, esta advertencia con respecto a los autores de los crímenes cometidos por Franco y sus esbirros. Ningún torturador, ningún asesino, ningún militar o fiscal o juez con sus juicios y sentencias aterradoras jamás tuvo que responsabilizarse por los crímenes cometidos durante la guerra y la dictadura. Y el único juez que intentó acusar a estos autores fue apartado de la carrera judicial.

España no quiso llevar a los autores de los múltiples crímenes a los tribunales, pero lo hubieran podido hacer las democracias europeas como condición para aceptar el país en las instituciones europeas. Porque posteriormente a los juicios de Núremberg, se redactaron los llamados Principios de Núremberg que estipulan lo siguiente:

Principio I
Cualquier persona que cometa actos que constituyan un crimen bajo las leyes internacionales será responsable y por consiguiente sujeto a castigo.

Principio II
El hecho de que las leyes internas no impongan castigo por un acto que constituya un crimen bajo las leyes internacionales no exime a la persona que cometió el acto de su responsabilidad bajo las leyes internacionales.

Principio III
El hecho de que una persona que ha cometido un acto que constituye un crimen bajo las leyes internacionales sea Jefe del Estado o un oficial responsable del Gobierno no le exime de la responsabilidad bajo las leyes internacionales.

Principio IV
El hecho de que una persona actúe bajo las órdenes de su Gobierno o de un superior no le exime de la responsabilidad bajo las leyes internacionales, siempre que se demuestre que tenía posibilidad de actuar de otra forma.

Principio V
Cualquier persona acusada de un crimen bajo las leyes internacionales tiene el derecho de un juicio justo ante la ley.

Principio VI
Los crímenes que se enumeran a partir de aquí son castigables como crímenes bajo las leyes internacionales:

(a) Guerra de agresión:

  • (i) La planificación, preparación, iniciación o comienzo de una guerra de agresión, o una guerra que viole los tratados internacionales, acuerdos o promesas;
  • (ii) La participación en un plan común o conspiración para el cumplimiento de cualquiera de los actos mencionados en (i).


(b) Crímenes de Guerra:

  • Las violaciones de las leyes o costumbres de la guerra que incluyen, pero no están limitadas a, asesinato, trato inhumano o deportación como esclavos o para cualquier otro propósito de la población civil de un territorio ocupado, asesinato o trato inhumano a prisioneros de guerra, a personas sobre el mar, asesinato de rehenes, pillaje de la propiedad pública o privada, destrucción injustificada de ciudades, pueblos o villas, o la devastación no justificada por la necesidad militar.


(c) Crímenes contra la humanidad:

  • Asesinato, exterminio, esclavitud, deportación y cualquier otro acto inhumano contra la población civil, o persecución por motivos religiosos, raciales o políticos, cuando dichos actos o persecuciones se hacen en conexión con cualquier crimen contra la paz o en cualquier crimen de guerra.

Principio VII
La complicidad en la comisión de un crimen contra la paz, un crimen de guerra o un crimen contra la humanidad tal y como fueron expuestos en los Principios VI, es un crimen bajo las leyes internacionales.

Estos principios contienen todos los argumentos y fundamentos jurídicos a base de los cuales hubieran podido ser incoados juicios contra los franquistas implicados en alguno de los crímenes mencionados y aún se puede hacer, a pesar de que la práctica totalidad de los autores ya no estén vivos. Rajoy señaló también que “la única política de futuro en materia antiterrorista, como siempre, es aplicar la ley, que para eso está”. Aplicar la ley en un Estado de Derecho, que España afirma ser, implica igualdad ante la ley y no tratar de manera diferente a los autores de un mismo crimen. Lo que hicieron los falangistas con sus víctimas, llevarles a la tapia de un cementerio o una cuneta y dispararles por la espalda, no es distinto de un disparo en la nuca y merece por lo tanto el mismo castigo.

Rajoy se demuestra implacable como siempre pensando que el conflicto creado en su día en el País Vasco se solucionará con la intransigencia del estado y de su gobierno. No quiere aprender de otros países, que también sufrieron la lucha armada, donde se ha procedido de manera distinta. En Alemania, por ejemplo, a varios de los miembros de la RAF condenados por sus actos terroristas, les otorgaron un indulto habiendo pasado en la cárcel entre 16 y 24 años. Pero, claro, Spain is different. Vox populi exige la prisión permanente y “que se pudran en la cárcel”. España se ha convertido en un Estado penal que significa cada vez más delitos, cada vez más penas, cada vez más penas más altas y cada vez más cárceles. Está lejos de una jurisdicción orientada a la reinserción, como estipula la Constitución, al contrario, se basa en la retribución y la venganza. En España podrían aprender del fiscal alemán Fritz Bauer, que tenía mucha razón para odiar y vengarse porque estaba tres veces estigmatizado y perseguido: socialdemócrata y judío, dos razones por las que los nazis le metieron en un campo de concentración, y su supuesta homosexualidad que nunca fue probada. En los años cincuenta/sesenta empezó a buscar a los criminales nazi, entre ellos a Adolf Eichmann, no para enviarlo a la horca, lo que hicieron los israelíes, sino para enfrentar al pueblo alemán con su pasado y poder contar a la juventud alemana la realidad de los hechos y crímenes de los nazis. En España con su modélica transición taparon el pasado decretando no abrir viejas heridas creyendo que la superación del pasado se puede construir encima de un montón de mentiras y falsedades. España debería aprender también del credo de ese fiscal: en su obra “El crimen y la sociedad” aboga por un derecho criminal que renuncie a la pena y se oriente exclusivamente en medidas resocializadoras y protectoras. Largo, muy largo y tortuoso será el camino para lograr esto en nuestras sociedades, cuyos principios principales deberían ser el respeto al otro, la solidaridad y la generosidad.

Barcelona, 6 de mayo de 2018

Doris Ensinger.
Viuda de Luis Andrés Edo, hijo de Román Andrés, guardia civil en el tercio del coronel Antonio Escobar, fiel a la República y fusilado en 1940 por “rebelión militar”. La familia de Román Andrés nunca pudo averiguar cómo, dónde y cuándo encontró la muerte.

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