Ajoblanco recomienda: La guerra de Idoia Montón

Ajoblanco recomienda: La guerra de Idoia Montón

Blog POR Javier Peñafiel

Exposición de Idoia Montón en La Escocesa 

Dedicada a Sarah Esponey, en su memoria, por su rebeldía.

La muestra que presenta Idoia Montón en la escocesa, se titula La guerra.
La guerra pintada no es bitono, a pesar de tanta ceniza.


Sería inútil describir qué sucede en estas pinturas que Idoia expone. No dan vacíos, están repletas, no sirven para especialistas en públicos, acuden al uno a uno, en pelea colaborativa.

 


La pintura se resiste a ser un caso de estudio, Idoia piensa así, y actúa en consecuencia.


Cuando ves un trabajo de Idoia Montón bien sea en una casa ocupada, la casa de la montaña, o en una galería, Carreras Múgica por hablar de dos extremos donde presenta sus operaciones, los trabajos, de alguna forma destituyen los espacios que las contienen. Tanto el cubo blanco como el cubo negro, se evaporan porque las pinturas de Idoia no viven del neutro sino del cada cual, no hablan de sí mismas, ni trabajan la endogamia.

Idoia no colabora con esa pedagogía cínica tan abundante en la institución arte y no lo hace por una decisión inteligente sino porque NO. 


Idoia no necesita de un manual de autoayuda sobre la dificultad de decir no. Porque su NO no niega nada al otro, la generosidad de Idoia como artista está a prueba de fobia.


Lo mejor del trabajo de Idoia, para mí, está en no poder recordarlo bien, siempre lo tengo que volver a mirar de nuevo, es un alzeimer sin víctima, lo que sucede entre Idoia y mi caso.

 

Compartimos antagonismo, políticas, intersexualidad, anti-programas, dibujos, características y caricaturas, generación y distracción, la función contradictoria, el insobornable. Pero eso no me importa tanto como la sorpresa que contienen las pinturas de Idoia. Es un golpe esa sorpresa, suave no es.


Con el trabajo de Idoia he comprendido varias cosas más: ignorar el dandismo como insuficiente y no desde una  trama moral, también está el hecho de hacer imposible o poner dificultades al personaje de la Casandra narcisista, ese tipo de autor que predice, desde la dictadura de la fatalidad, todos y cada uno de los hechos.


Mientras las pantallas programan cine cuyo color ha muerto, la pintura de Idoia es el relato en color dolor de la guerra social a la que todos pertenecemos y no sólo por especie (humana o hiperhumana).

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