La bossa que no muere de Caetano

La bossa que no muere de Caetano

Blog POR Carolina Espinoza

Cortinas rojas, camisa naranja psicodélica, luces anaranjadas… ambiente cálido en el Circo Price de Madrid para recibir a Caetano Veloso, un incombustible de las músicas del mundo -antes de que se llamaran “Músicas del mundo”- que resiste al imperio de los reguetones, perreos y traps.

Confiado, canchero, con la tranquilidad y seguridad que dan los 74 años, sabe que el tiempo pasa. Por eso, sabiamente comparte escenario con otros grandes; en esta oportunidad, la cantante Teresa Cristina y el virtuoso guitarrista Carlinhos “Sete Cordas” Moraes dos Santos. 

El propio Veloso recibe a su público a capella, en chaqueta de pana, camisa pop art y con el mismo físico menudo, la sonrisa ancha y los ojos pícaros que le caracterizan, y, anuncia que la primera parte del show será de Teresa Cristina, ese diamante en bruto descubierto hace algunos años por el cantante brasileño.

Y la sorpresa es doble. Teresa Cristina no interpreta puramente el papel de telonera.  Ataviada con un vestuario gitanesco, contando anécdotas y con un punto de reivindicación feminista –algo casi anecdótico en las trágicas letras de bossas, choros o sambas-, es para muchos la mejor intérprete del repertorio de Cartola (Angenor de Oliveira), uno de los principales compositores de la música popular brasileña.

Teresa canta y encanta. Y aunque las versiones de Cartola cuentan con registros anteriores en las voces reconocidas de Ney Matogrosso o Beth Carvalho, la interpretación de Teresa Cristina se gana un lugar sobresaliente en el podio brasileño, algo que se confirma con los aplausos, risas y coros del público, a quienes la cantante se mete en el bolsillo la primera media hora del espectáculo.

El centro del show sigue siendo Caetano. Él y su guitarra. Abre con un Luz do sol  que todos tararean en su mejor portuñol, móviles -otrora mecheros- en mano. Arranca frágil, se pone las gafas para tocar la guitarra y se las quita cuando canta, atisbo de coqueteo bahiano en el que radica, para algunos, el secreto de su eterna juventud.

Pero la eterna juventud de Caetano no está en su vestimenta. Ni siquiera en su físico. Está en las canciones, que traspasan la frontera de los amores imposibles, los posibles pero nunca seguros o en los imposibles inseguros.  Ahora, con la edad, se puede dar el lujo de cantar las canciones que quiere, no las que le impone el público.

Chega de saudade le gritan desde una esquina. ¡No!, dice enérgico Caetano. “Ahora voy a cantar dos canciones que para mí son las más representativas del Tropicalismo (movimiento del que él, Gal Costa, Gilberto Gil, María Bethania y el grupo Os Mutantes son fundadores) pero que son muy poco conocidas por el público”.

Dices por dentro, “a mí no me va a pillar, me sé todos los álbumes de este movimiento” Y ¡zas!, lo hace, porque te sorprende con una de las canciones del disco Tropicália Ou Panis et Circensis (1968), que habla de manifestaciones post mayo del 68 y sus efectos en Latinoamérica, paradójicamente sumida en dictaduras militares. Algo que Veloso conoce muy bien, porque al régimen del militar brasileño de Castelo Branco no le simpatizaban ni las canciones ni las ideas del Tropicalismo y significaron el exilio del cantante en Londres desde 1969 hasta 1972. “Estas letras están llenas de miedo y entusiasmo”, dice cómplice Caetano Veloso, mientras rasguea con acordes inconfundibles” las primeras bossas revolucionarias de hace casi 50 años.

¿Sigue siendo un revolucionario Caetano Veloso? ¿Seguiría así Camarón de la Isla si viviera hoy?

No lo sabemos, ni sabemos si seguirá así por otros 10 o 20 años más. Lo que sabemos es que su revolución es pausada. Nada de sobresaltos. Salvo giras puntuales, Caetano pasa todo el verano austral en una casa de Salvador de Bahía y el resto del año vive en Río porque sus hijos trabajan allí.

Pareja ya no tiene. “Sobrevivivió” a dos matrimonios (de 18 años cada uno) y hoy, confiesa, está solo. Algo imposible de creer cuando con tanta pasión y entrega canta un Cucurrucucú paloma que sigue poniendo los pelos como escarpias, aunque corta un poco la libido saber que la canción interpretada por Caetano está en la play list de Barack Obama.

Fotos: Miguel Angel Gonzalez

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