¡Dichosos los Ajos!

¡Dichosos los Ajos!

Blog POR Germán Labrador Méndez

Quizá parezcan actuales, pero las citas anteriores* tienen sus cuarenta años. Aunque nos recuerden lo que hemos visto en las calles y plazas ibéricas desde 2011, su origen es més remoto: las he seleccionado al azar de algunos números de la primera etapa de Ajoblanco, entre los años de 1974 y 1980.

Mientras un mundo colapsa, otro estáa punto de nacer. Lo dicen las multitudes, los grafitis, las asambleas, sus proclamas en favor de una verdadera democracia. Un cartel afirma que llevamos un mundo nuevo en nuestros corazones mientras proliferan en todas partes colectivos artísticos y proyectos autogestionados. Y hay quien afirma que «no es delito ocupar una vivienda, sino mantenerla cerrada sin habitar», y hay quien la ocupa directamente. 

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Surgen zines de poesía, documentales, teatro, centros alternativos, grupos de contrainformación y acampadas. Algunas gentes cuidan de huertos urbanos y otras de huertos solares. Y, aunque la represión policial no desaparece, tampoco lo hacen las pintadas, ni las luchas –barrio a barrio– por las escuelas, los hospitales y el derecho a la vivienda. En Gamonal, la vecindad se organiza frente al capital especulativo y el Gobierno le responde con multas y con cárceles. Ante el aumento de la represión en Madrid, un cartel pide libertad detenidos; colocado sobre uno de los leones del Congreso, señala el descrédito de las instituciones representativas. Y es que muchas personas sienten que la democracia ha sido secuestrada por intereses privados.

Para rescatarla, lucharán por el uso civil del espacio público, frente a «un Estado que prohíbe o canaliza la discusión en sus plazas, que cierra la boca de su pueblo y quiere construirse con las palabras mudas de quienes le han dado el poder». El diagnóstico es grave: «El sistema democrático se encuentra en crisis» y la ciudadanía «necesita una democracia que reconozca de forma efectiva los derechos humanos».

Si quiere conseguirla, deberárechazar las falsas «soluciones del tenderete político» y aprender a organizarse. Una utopía les mueve, la de que «es posible vivir gozando en la construcción de un mundo en el que la colaboración de todas las imaginaciones haga posible la solución de los problemas». Para que tal cosa se de, el de la política no puede ser el «trabajo de unos pocos, de élites intelectuales, como siempre, sino de todos»

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... Desde la contracultura de Ajoblanco, se invertían los términos cuando se poetizaba sobre los derechos democráticos. Por eso se pensaban más como prácticas que como declaraciones, más como haceres que como decires.

 

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