Anne Waldman, poeta “El espíritu imaginativo de la Generación Beat está completamente vigente”

Anne Waldman, poeta “El espíritu imaginativo de la Generación Beat está completamente vigente”

Blog POR Carolina Espinoza y Madeline Pawlak. Fotos: Ignacio Izquierdo

Conversamos en la pasada edición del festival Poetas con Anne Waldman (Nueva Jersey, 1945), poeta, intérprete, profesora y activista cultural que tuvo el privilegio de trabajar codo a codo con Allen Ginsberg y ser parte -a sus escasos veinte años- de la Generación Beat.Todo lo que vivió esos años lo continúa además de su prolífera obra poética y performática, como directora artística de la Escuela de Poesía Disembodied Jack Kerouac, un programa que fundó con Allen Ginsberg, en la Universidad Naropa (Colorado), la primera universidad del oeste inspirada en el budismo.

La entrevista se adelanta y se cambia de lugar, porque Anne no va a dormir la siesta. Ha cambiado de idea y ha preferido ver libros y quedar con los integrantes de su banda familiar Fast Speaking Music, para afinar los últimos detalles de su actuación en el festival Poetas, al día siguiente. Por eso quedamos en la librería Arrebato, en el corazón de Malasaña, mientras cuenta que viene de hacer unos bolos en Granada, que hará otros en La Ingobernable y que luego parte el lunes a Colorado, a coordinar los cursos de la universidad de verano. Anne hace muchas cosas a la vez, te mira a los ojos y habla rápido. Hace 100% honor a su poema más universal, Fast Speaking Woman

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I’m a bird woman
I’m a book woman
I’m a devilish clown woman
I’m a holy-clown woman
I’m a whirling-dervish woman
I’m a whirling-foam woman
I’m a playful-light woman
I’m a tidal-pool woman
I’m a fast speaking woman

50 años después, ¿qué nos puede decir de la Generación Beat?

Creo que es un cuerpo extraordinario que continúa, con poetas como Gary Snyder, que está muy activo y trabajando, Diane Di Prima, Lawrence Ferlinghetti, que se ha jubilado pero sigue escribiendo desde la maravillosa City Lights Books. La vitalidad de lo que estaban escribiendo en los sesenta es algo muy actual; pensemos, por ejemplo, en la calidad visceral que tiene Naked Lunch, una investigación sobre el mundo de la vigilancia en el que estamos ahora. Vigente está también la obra de Ginsberg, Planet News, que viene a hablarnos de la urgencia de saber lo que está pasando en todos los lugares simultáneamente; yo me identifico bastante con esa idea. Creo que la obra de la Generación Beat sigue siendo relevante hoy y para eso hay que revisar tanto su escritura como los momentos históricos y sus enormes intervenciones sobre la cultura como estilo de vida.

Todo era posible: Allen Ginsberg podía ser a la vez un poeta de campo y un investigador. Siempre estaba juntando cosas sobre la CIA y el tráfico de drogas, durante la guerra de Vietnam. Ginsberg argumentaba que el alma de América es la cultura negra y hasta que no arreglemos el problema del racismo, no seremos nada. Tenemos mucho en lo que trabajar al respecto. Y para eso debemos ser valientes. Recuerdo que durante esos días, Allen y William (Burroughs) tenían grandes archivos en el FBI, que les espiaba y les perseguía, y creo que fuimos todos muy ingenuos en ese sentido. La semana pasada, cuando vi que Trump está volviendo a activar todo lo nuclear, pensé en todas las protestas que hicimos en la fábrica de Plutonio Rocky Flats en Colorado, hasta que la cerraron. Todo esto está volviendo. Tenemos que seguir luchando porque Trump y compañía lo van liquidando todo y me doy cuenta de que no reaccionamos, que vamos por detrás. Es un tiempo muy duro, pero también tienes que ver el lado bueno: la lucha de los jóvenes por lo mismo que hicimos cuando teníamos su edad, y no dejar que el pesimismo te consuma la mente. Lo importante es entender que el espíritu de la imaginación que impulsó la Generación Beat está vigente.

¿Cómo influyó en tu poesía conocer a Allen Ginsberg?

Creo que principalmente me influyó con todo lo que tiene que ver con ser un poeta en un espacio público. Siempre tenía este deseo de presentarme ante el público, pero tenía 20 años, era demasiado joven; quería que me bajara la voz para tener un poco de autoridad. Y Allen tenía todas esas cosas, esa confianza, esa autoridad. Recuerdo que una vez estábamos en Cherry Valley, una casa en el campo que tenía lámparas de petróleo, sin electricidad. Había un ejemplar de mi libro Baby Breakdown, lo abrí y vi que Allen había señalado cosas que le habían gustado. Eso es algo increíble, tener un lector como Allen Ginsberg y que lea tu peor poesía, tu poesía primaria y más vergonzosa, y que te haga sentir que él está interesado. Trabajamos mucho y muy duro en el proyecto de la Universidad de Naropa, así que pasé muchas horas con él. Los veranos estábamos tres meses en un seminario de budismo; eso era interesante, estar también con otra gente, pero siempre juntos.

Él decía que tú eras su “esposa espiritual”…

Sí, en algún momento habló de casarnos, pero dijo que no podía, que no quería molestarme porque yo estaba con alguien entonces. Pero estaba listo para casarse conmigo. Le hubiera gustado tener un hijo. Pero a mí me bastaba con tener esa conexión con él en otros planos. Me quedo con la manera en que me impulsó a descubrir el lado público de la poesía, salir al espacio público, allí donde está la gente. Y por fin salí y no me paralicé, hasta el día de hoy.

¿Qué valor le da usted al acto performático? ¿Qué poder tiene hoy?

Para mí el acto performático consiste en escribir y leer. Cuando leo poesía se produce un espectáculo en mi cabeza. El lenguaje tiene algo de baile, el baile del intelecto. Escribo libros y tengo muchos libros que siguen siendo publicados y muchas veces me preguntan si prefiero el escenario o la página, ¡como si tuviera que elegir entre los dos! Me encanta estar sola. Me encanta poder sentarme, leer, estudiar y escribir. Puedo escribir también en un avión, pero necesito ese espacio hermético. Ahora estoy interesada en esos estados mentales como posibilidades diferentes en la actuación, lo estoy haciendo con Meredith Monk. Hemos estado haciendo un show juntas donde cada una de nosotras hace una parte. Ella vocaliza sin palabras y yo uso palabras pero también canto. La performance se llama Fantasma Hambriento. Además me sigue inspirando el trabajo que hago con mi hijo (Ambrose Bye, piano y teclado) y mi sobrino (Devin Brahja Waldman, saxofón), con la banda Fast Speaking Music.

Y ahora presentas tu nuevo libro, Trickster Feminism


anne8Sí, estoy orgullosa porque es una edición limitadísima, 50 ejemplares, con una foto de un yogui de un templo de India con cabeza de conejo en la portada. Pensaba que eso sería gracioso, un trickster, un conejo bromista. Creo que la portada aporta energía al libro, porque lo que quiero decir con él es que el feminismo es una etiqueta engañosa; es decir, engloba muchas cosas, como la homofobia, el racismo y, por supuesto, los discursos impuestos por el heteropatriarcado. Son muchas cosas y tras esto hay años de lucha.

Una etapa de su trabajo poético en Feminafesto (1994) llama a travestir la poesía, a ir más allá del sexo... ¿Se ha conseguido?

En algún punto creo que sí. Creo que hay una aspiración y es lo que yo he hecho en mi vida, en mi trabajo y en mis estudios. Cada libro tiene su fuerza y crea un mundo particular. Creo que he conseguido esta visión y es interesante ir más allá del lenguaje femenino/masculino, ir más allá del género. Es como cuando aquí usáis la X por no usar la “a” de femenino o la “o” de masculino. Esto de tener amigos trans es reciente, pero es genial. Abre el mundo y estoy muy feliz con esto. Pero también es algo por lo que no tenemos que parar de luchar: la libertad de tu propio cuerpo y tu identidad, que en muchos momentos se ve amenazada.
   
¿Cómo se hace poesía en la era Trump? ¿Vuelven a ser las palabras un arma contra la violencia?

Creo que en algún aspecto, sí. Creo en el poder de la protesta, en la resistencia y en el poder de la meditación. Han sido muchas protestas contra Trump. Este libro tiene mucho de protesta. Todo el movimiento de las mujeres ha sido muy fuerte, pero tiene que seguir. Hubo protestas feministas en Washington DC y en Nueva York, había chicas jóvenes en la calle, pero ¿dónde está la continuidad? ¿Cómo seguimos adelante? Creo que es un trabajo que comenzó con las Black Lives Matter (Las vidas negras importan), pero su lucha no es suficientemente conocida mundialmente. Creo que el hecho de que los chicos jóvenes luchen contra las armas es algo muy importante, pero tiene que seguir adelante. Nos han dicho que el “destrozador del planeta” es el cambio climático, y lo es, pero también lo son los racistas, los homófobos, los machistas. Creo que pronto llegará el momento en que la gente no pueda aguantar más, y estamos cerca. Al principio todo lo que hacía Trump nos daba risa y nadie sabía lo lejos que iba a ir, pero ha ido muy lejos.

¿De qué sirvió oponerse en los 70 al militarismo, al materialismo económico y a la represión sexual?

Creo que fue un buen entrenamiento [ríe] porque no creía que iban a empeorar las cosas como lo han hecho. Y esto es universal. El cambio climático no elige países a torturar. Afecta a todo el mundo con las inundaciones, los incendios. Lo que me da mucha pena es que no voy a vivir para ver un mundo mejor, con más armonía. Es muy importante no estar demasiado deprimido y no paralizarse ni perderse pensando en la inmortalidad. Lo que digo a mis alumnos es que tienen que salir a descubrir el mundo y hablar, hablar mucho.

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