Los años de individualismo feroz dan sus frutos. Unos frutos igualmente feroces y brutales que, en Gran Bretaña, tienen forma de niño. El thatcherismo de los ochenta recoge hoy la cosecha del odio. Familias rotas, desempleo, disolución de la vida en común… Gran Bretaña cierra los ojos y se horroriza. Una generación salvaje ocupa sus calles.
— Publicado en el núm. 94 de Ajoblanco (Marzo 1997)