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A lo grande. Un nuevo hogar en el centro de Madrid. Por Pablo Gastaldi

Lunes, 15 Mayo 2017 09:11

Plas, plas, plas. Y entre manos que se agitan por encima de la cabeza y palmas que se juntan nace un nuevo centro social okupado en todo el Paseo del Prado de Madrid. El mismo paseo que acoge famosas pinacotecas, las dos fuentes más emblemáticas de la capituli, el Jardín Botánico y otro, vertical, que en primavera consigue quitar el hipo.

La puerta de entrada está en la calle del Gobernador, de la que toma su nombre inicial, y una chica interviene en la asamblea diciendo que llamar “Gobernadora” a un espacio autogestionado ”como que no”. En las cabezas rebota la idea, la verdad es que no, que mejor “La Ingobernable”. Pues adelante “La Ingobernable”, carajo, pienso, y alejo mi mente de la asamblea para recorrer las escasas salas y pasillos del sobrecogedor edificio que he tenido oportunidad de conocer. Pasado el calentón vuelvo sobre esto: ¿Era ese nombre la mejor idea? Ojalá no vengan las malas noticias y haya mucho tiempo para debatirlo.

Los de mi generación aprendimos a escuchar a quienes estaban más calvos que nosotros. Menos por virtud que por falta de ideas, sospecho, y el caso es que teníamos las orejas bien abiertas, pero hace tiempo que lo que escuchábamos de nuestros primos políticos mayores venía desafinado. Esta okupación suena sin embargo a todo lo contrario, suena a un oasis en medio de la aridez que estamos viviendo buena parte de la gente que en algún momento nos reconocimos haciendo política en el 15M y su sabrosísimo post. Un desierto que nos ha obligado a alegrarnos cuando aparecían exiguos brotes verdes y a comernos más de un cáctus peludito, peludito. Y qué reconfortante esa sensación de que “ha pasado algo”. Algo no rutinario que se abre un hueco en nuestras apretujadas agendas y que nos hace retomar compromisos olvidados, sensaciones oxidadas que descolocan pero emocionan, actividades que fatigan a la vez que vuelven a ilusionar.

El espacio tiene tantas posibilidades que no dan las cabezas para imaginar todo lo que se puede hacer. Y, ojo, porque hay muchas -cabezas, digo, más de ciento cincuenta asambleándose a la vez-, de todos los tamaños y pelajes; y entre ellas reconozco a una generación de ciudadanos y ciudadanas comprometidas entre quienes están las mentes que con más dedicación y agudeza han construido democracia real en esta ciudad.

Pero hablábamos de las posibilidades, y es que 3000 m2 de salas, escaleras y habitaciones descolocan hasta al más pintado. Pensando en otras experiencias, se antoja una sede para la gran cantidad de colectivos que requieren de un lugar en el centro en el que reunirse, albergue de todas aquellas ideas que aparecen de repente con intención de cambiar las cosas. Un hogar de cooperativas, grupos de consumo y proyectos de economía solidaria, de la posibilidad de sobrevivir haciendo el bien en lugar de trabajar para el mal. Un teatro, sala de conciertos, cine, danza, recitales desde los que experimentar. Un espacio descomunal en el que incluir dotaciones para el barrio y actividades para todas las generaciones, que cobije tanto a quienes ya hablan de sus nietos como a la chavalada más asilvestrada. Una base, también, para toda esa gente con ganas de desbordar el panorama mediático: radios libres, proyectos audiovisuales, revistas y medios alternativos. Un polvorín en el que se den cita aquellas ideas proscritas, un epicentro de tantos terremotos…

Y un bar, por supuesto, y cientos de rincones, pasillos y recovecos en los que encontrarse y conspirar, en los que juntarse, apretarse, besarse y arañarse. ¡Qué yerma estaba Madrid y qué oportunidad de devolverle la salvaje fertilidad con la que nos deleita cuando se pone!

Pablo Gastaldi es coeditor de la revista Juego de Manos

Foto 1: Foto cedida por @cuadernista.
Foto 2: 10.05.2017/ © Álvaro Minguito
Foto 3: Foto extraída de @cs_ingobernable

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